«Nunca es demasiado tarde para ser feliz».
A los 78 años y a las puertas de sus últimas giras, Rubén Blades repasa la vida que ha quedado en sus canciones: la abuela que le enseñó a leer, el 9 de enero de 1964 que despertó su conciencia y el origen de canciones tan emblemáticas como «Pedro Navaja» y «Amor y Control».
El autor de «Pedro Navaja» habla sin adornos sobre la gratitud y la justicia social. Recuerda cómo pasó de repartir el correo de Fania a convertirse en uno de los artistas más importantes de este sello discográfico y cómo llegó a entablar amistad con personajes como Gabriel García Márquez. También cuenta por qué le cedió «El Cantante» a Héctor Lavoe, qué significó Willie Colón en su vida y qué legado le dejó su madre, Anoland. Habla de su responsabilidad al escribir sobre lo que ocurre a su alrededor y de la importancia de seguir aprendiendo con humildad.
Una conversación con un artista que, después de tantos años de carrera, sigue creyendo que «uno tiene que tratar de ayudar en la manera que pueda». Una charla para quedarse, volver a sus canciones y recordar que nunca dejamos de aprender.

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